Autor: Abel Naranjo del Árbol
Título
: El color de la convivencia
Género: cuento
Grabación: Abel Naranjo del Árbol (1º ESO C)
Música:

El color de la convivencia

Era un día, como otro cualquiera de verano. Todos los niños estaban en las piscinas, playas…;pero, un nuevo inmigrante entró en un pueblo de Andalaxia. Por ser africano, los niños no lo querían. Él se sentía muy solo.

Un día, había niños en la calle jugando a la pelota y la encajaron en la casa de Abdalá, el niño africano. No querían los niños llamar a la puerta, como éste quería tener amigos, se la devolvió. Los niños le preguntaron: “¿Quieres jugar?”. Abdalá no sabía qué decir, pero, al final, respondió: “¡Vale!”.

Al rato pasaron más niños y uno de ellos le preguntó a Marcos, el jefe de la pandilla,: “¿Qué hace aquí Abdalá?”. Marcos afirmó que Abdalá era un nuevo miembro de la pandilla. Robert, que era el que había preguntado irónicamente preguntó: ¿Un niño como otro cualquiera?, ¿qué?. Marcos insistió diciendo que Abdalá era un niño como ellos. Robert entonces se calló, dejó de increpar porque sabía que era verdad.

Abdalá, que escuchaba, añadió: “No discutáis por mi culpa.

Marcos le dijo: Abdalá, tú eres ya uno más de la pandilla, digan ellos lo que digan. Robert no estaba convencido del todo; sin embargo, aceptó por el bien del grupo y así, los demás.

Marcos preguntó a Abdalá: “¿Te quedarás en España para siempre?”.

-No lo sé, respondió Abdalá.

Al momento, como él no sabía cómo era una piscina, propuso que por qué no iban. Todos aceptaron. Al instante preguntó si costaba dinero. Marcos, al ver su cara entristecida, le respondió que sí y que él lo invitaba. Una vez allí, pasaron cuatro o cinco horas. Al final de ellas, todos estaban cansados, excepto Abdalá, por lo que regresaron a casa.

Abdalá, en su casa, les contó a sus padres lo maravillosos que había sido el día y les preguntó: “¿Nos quedaremos para siempre? ”. Los padres dijeron que no y Abdalá echó a correr llorando a su habitación. Al rato, Carin, su madre, subió y le pregunto: ¿Por qué lloras?. Abdalá le explicó que porque había hecho amigos de corazón que lo habían aceptado, tal y como era, e incluso lo habían invitado a la piscina. Carín se lo contó a su padre, Marius. Éste no sabía qué decidir y dijo: “Mañana te daré una respuesta”. Abdalá no pudo dormir en toda la noche, pensando que si se quedaban no vería a su familia de África. El padre meditaba sobre la situación,…” su sueldo era más alto, tenía compañeros en el trabajo; Carín tenía amigas con quienes tomaba té todas las tardes; su hijo también tenía amigos”

A la mañana siguiente cuando se levantaron, Abdalá preguntó: “¿Nos quedaremos o nos iremos?”.

Marius respondió: “Nos quedaremos, pero cuando podamos iremos a ver a nuestra familia”. Entonces, Abdalá, feliz, fue a contárselo a sus amigos que ya jugaban en la calle.