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Autor: J.R.R. Tolkien
Título
: El hobbit
Género: narrativa juvenil
Grabación
: Francisco (1º ESO)
Música:

Fragmento

En un agujero en el suelo, vivía un hobbit. No un agujero húmedo, sucio, repugnante, con restos de gusanos y olor a fango, ni tampoco un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada en que sentarse o que comer: era un agujero-hobbit, y eso significa comodidad.

Tenía una puerta redonda, perfecta como un ojo de buey, con una manilla de bronce dorada y brillante, justo en el medio. La puerta se abría a un vestíbulo cilíndrico, como un túnel: un túnel muy cómodo, sin humos, con paredes revestidas de maderas y suelos enlosados y alfombrados, provistos de sillas barnizadas, y montones y montones de perchas para sombreros y abrigos; el hobbit era aficionado a las visitas. El túnel se extendía serpeando, y penetraba bastante, aunque no directamente, en la ladera de la colina -La Colina, como la llamaba toda la gente de muchas millas alrededor-, y muchas puertecitas redondas se abrían en el, primero a un lado y luego al otro. Nada de subir escaleras para el hobbit: dormitorios, cuartos de baño, bodegas, bodegas (muchas), armarios (habitaciones enteras dedicadas a ropa), cocinas, comedores, se encontraban en la misma planta, y en verdad en el mismo pasillo. Las mejores habitaciones estaban todas a la izquierda de la puerta principal, pues eran las únicas que tenían ventanas, ventanas redondas, profundamente excavadas, que miraban al jardín y a los prados de más allá, camino del río.

John Ronald Reuel Tolkien, El hobbit, Madrid, Minotauro, 2005.

Autor: Anna Ciddor
Título
: El hechizo del lobo
Género: narrativa juvenil
Grabación: Marcos Tamurejo (3º ESO – D)
Música:

Fragmento

La leche silbó en el balde cuando Oddo dio impaciente el último apretón a la ubre. Alargó la mano bajo el pesebre, rozando el costado caliente y peludo de la vaca, palpó con los dedos las cascaras de avellanas que allí había escondido, y sonrió mostrando los dientes. Dos perfectos cuencos en miniatura. Los llenó de leche del cubo, los llevó fuera y comprobó que nadie miraba.

Oddo dejó las cascaras en la nieve y se deslizó hacia el granero. Se agachó tras la puerta y entornó los ojos, sin apenas atreverse a respirar ni a parpadear. Esta vez iba a ver quiénes se llevaban la leche. Esta vez iba a aguardar y vigilar hasta que llegaran.

-¡Oddo! -Se oyó la voz de su madre a través del patio— Oddo, necesito la leche. ¿Es que te has quedado dormido?

-Caca de la vaca -refunfuñó Oddo. Cogió los cubos y salió pisando con fuerza. Echó un vistazo a las cascaras y se detuvo de súbito.

Autor: Lewis Carroll
Título
: Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas
Género: narrativa juvenil
Grabación: Juan Pedro Fernández (3º ESO – D)
Música: Camille Saint-Saëns, Le Carnaval des Animaux, grande faintaisie zoologique. Aquarium. (Ramón Pajares Box)

Fragmento

Alicia empezaba a estar muy cansada de permanecer junto a su hermana en la orilla, y de no hacer nada; una vez o dos había echado una mirada al libro que su hermana estaba leyendo, pero no traía estampas ni diálogos; y “¿de qué sirve un libro”, pensó Alicia, “si no trae estampas ni diálogos?”.

Así que estaba deliberando en su interior (en lo mejor que podía, ya que el día caluroso la hacía sentirse muy soñolienta y atontada) si el placer de trenzar una cadena de margaritas merecía la molestía de levantarse a coger las margaritas, cuando de pronto llegó junto a ella un conejo blanco de ojos rosados.

No había nada de particular en aquello; ni consideró Alicia que fuese muy excepcional oír al Conejo decirse a sí mismo: “¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Voy a llegar demasiado tarde!” ( al pensar en ello más tarde, se le ocurrió que debía haberle extrañado una cosa así; sin embargo, en aquel momento le pareció la mar de natural).

El Conejo se metió por una gran madriguera bajo el seto. Un instante después se coló Alicia también, sin pararse a pensar cómo saldría.

Autor: J. K. Rowling
Título
: Harry Potter y la Orden del Fénix
Género: narrativa juvenil
Grabación: Cristian Chamizo (3º ESO – D)
Música: George Enescu, Rapsodia rumana. (Ramón Pajares Box)

 

Fragmento

El día más caluroso en lo que iba de verano llegaba a su fin, y un silencio amodorrante se extendía sobre las grandes y cuadradas casas de Privet Driver. Los coches, normalmente relucientes, que habían aparcados en las entradas de las casas estaban cubiertos de polvo, y las extensiones de césped, que solían ser de un verde esmeralda, estaban secas y amarillentas porque se había prohibido el uso de mangueras debido a las sequía. Privados de los habituales pasatiempos de lavar el coche y el cortar césped, los habitantes de Privet Driver se habían refugiado en el fresco interior de las casas con las ventanas abiertas de par en par, en el vano intento de atraer una inexistente brisa. El único que se había quedado fuera era un muchacho que estaba tumbado boca arriba en un parterre de flores, frente al número cuatro.

Era un chico delgado, con el pelo negro y con gafas, que tenía el aspecto enclenque y ligeramente enfermizo de quien ha crecido mucho en poco tiempo. Lleva unos vaqueros rotos y sucios, una camiseta ancha y desteñida, y las suelas de los zapatos de deporte estaban desprendiéndose por la parte superior. El aspecto Harry Potter no le granjeaba el cariño de sus vecinos, quienes eran de esa clase de gente que cree que el desaliño debería estar castigado por la ley.

Autor: C. S. Lewis
Título
: El león, la bruja y el armario (Crónicas de Narnia I)
Género: narrativa juvenil
Grabación: Mónica Gil (2º ESO – D)
Música: Motzart, Così fan tutte Act II – No. 19 Aria – Una donna a quindici anni

Fragmento

A todos les pareció muy buena idea y así fue como empezaron las aventuras. Era una de esas casas que parecían no tener final y estaba llena de lugares inesperados. Las primeras puertas que comprobaron conducían sólo a dormitorios desocupados, como todos habían supuesto; pero no tardaron en llegar a una habitación muy grande llena de cuadros, y allí encontraron una armadura completa; y la siguiente fue una habitación toda tapizada de verde, con un arpa en el rincón y luego bajaron tres peldaños y subieron cinco, y a continuación apareció una pequeña especie de vestíbulo superior y una puerta que conducía a la galería y luego una serie de habitaciones que comunicaban unas con otras y tenían las paredes llenas de libros; casi todos los libros eran muy antiguos y algunos eran más grandes que la Biblia de una iglesia. Casi a continuación se encontraron con una habitación que estaba totalmente vacía, a excepción de un enorme armario; uno de esos que tiene un espejo en la puerta. No había nada más en la estancia aparte de un moscón azul muerto en el alféizar de la ventana.

Autor: Michael Ende
Título: Momo
Género: narrativa juvenil
Grabación: Belén Cortés (3º ESO)
Música: High mountion serenity

Fragmento

El aspecto externo de Momo ciertamente era un tanto desusado y acaso podía asustar algo a la gente que da mucha importancia al aseo y el orden. Era pequeña y bastante flaca, de modo que ni con la mejor voluntad se podía decir si tenía ocho años sólo o ya tenía doce. Tenía el pelo muy ensortijado, negro como la pez, y con todo el aspecto de no haberse enfrentado jamás a un peine o unas tijeras. Tenía unos ojos muy grandes, muy hermosos y también negros como la pez y unos pies del mismo color, pues casi siempre iba descalza. Sólo en invierno llevaba zapatos de vez en cuando, pero solían ser diferentes, descabalados, y además le quedaban demasiados grandes. Eso era porque Momo no poseía nada más que lo que encontraba por ahí o lo que le regalaban. Su falda estaba hecha de muchos remiendos de diferentes colores y le llegaba hasta los tobillos. Encima llevaba un chaquetón de hombre, viejo, demasiado grande, cuyas mangas se arremangaban alrededor de la muñeca. Momo no quería cortarlas porque recordaba, previsoramente, que todavía tenía que crecer. Y quién sabe si alguna vez volvería a encontrar un chaquetón tan grande, tan práctico y con tantos bolsillos.

Debajo del escenario de las ruinas, cubierto de hierba, había unas cámaras medios derruidas, a las que se podía llegar por un agujero en la pared. Allí se había instalado Momo como en su casa. Una tarde llegaron unos cuantos hombres y mujeres de los alrededores que trataron de interrogarla. Momo los miraba asustada, porque temía que la echaran. Pero pronto se dio cuenta de que era gente amable. Ellos también eran pobres y conocían la vida.

-Y bien –dijo uno de los hombres-, parece que te gusta esto.
-Sí –contestó Momo.
-¿Y quieres quedarte aquí?
-Sí, si puedo.
-Pero, ¿no te espera nadie?
-No.
-Quiero decir, ¿no tienes que volver a casa?
-Esta es mi casa.
-¿De dónde vienes, pequeña?
Momo hizo con la mano un movimiento indefinido.

Autor: Lucía González Lavado
Título: Hijos del Dragón I. Revelación
Género: narrativa juvenil
Grabación: Tomás Riola (3º ESO)
Música:

Fragmento

Buda, poco antes de morir hizo llamar a todos los animales que pisaban la tierra pero sin olvidar a ninguno, pero sólo doce acudieron a su llamada. Unos tan fieles como lo podían ser el perro y otros tan odiados como la serpiente y así hasta un total de doce. Pero había uno que era diferente, especial, destacaba de todos los demás el dragón Un ser fuerte, de ojos saltones, retorcidos cuernos, piel escamosa y una brillante y larga melena que rodeaba parte de su cuerpo. Carecía de alas pero no por ello era menos especial.

Muchos eran los que veneraban, éste era bien conocido por su inteligencia, sabiduría y bondad, y hacían bien en creerlo porque el dragón podía parecer un ser pacífico, pero si su furia se levantaba nadie escapaba de ella.

El universo era tan imenso como desconocido para todos con los cientos de galaxias que lo componían. Galaxias con la vida propia, ilusiones y guerras, como la galaxia de Meira compuesta por cinco planetas, dos soles y cuatro lunas, aunque muchos no sabían si llamar a la cuarta luna de esa manera.

La galaxia de Meira era un lugar remoto, sombrío, maldito, devastado por las guerras. Tenía una luna llamada La Oculta, de la que se decía que en realidad no era tal sino un planeta ocupado por los Ocultos, seres que se alimentaban de los desgraciados que se cruzaban en su camino o de los que no estaban protegidos cuando asaltaban otros planetas, hecho que sucedía cuando su luna aparecía en el oscuro cielo y con los restantes escondidas.