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Autor: Eduardo Mendoza
Título: Sin noticias de Gurb
Género: novela
Grabación: Ali Zraouli (2º A)
Música:
Fragmento
Día 9
0.01 (hora local) Aterrizaje efectuado sin dificultad.
Propulsión convencional (ampliada). Velocidad de aterrizaje 2.6.30 de la escala convencional (restringida). Velocidad en el momento del amaraje 2.4 de la escala bajo-U1 ó 9 de la escala Molina-Calvo. Cubicaje: AZ-0.3.
Lugar de aterrizaje: 63 Omega(IIBeta) 2847639478369473937492749.
Denominación local del lugar de aterrizaje Sardanyola.
07.00 Cumpliendo órdenes (mías) Gurb se prepara para tomar contacto con la formas de vida (reales y potenciales) de la zona. Como viajamos bajo forma acorpórea (inteligencia pura-factor analítico 4800), dispongo que adopte cuerpo análogo al de los habitantes de la zona. Objetivo: no llamar la atención de la fauna autóctona (real y potencial).
Consultado el Catálogo Astral Terrestre Indicativo de Formas Asimilables (CATIFA) eligo para Gurb la apariencia del ser humano denominado Marta Sánchez.
07.15 Gurb abandona la nave por escotilla 4. Tiempo despejado con ligeros vientos de componente sur; temperatura, 15º centígrados; humedad relativa, 56%; estado de la mar, llana.
…….
07.23 Sin noticias de Gurb
08.00 Sin noticias de Gurb
09.00 Sin noticias de Gurb
12.30 Sin noticias de Gurb
20.30 Sin noticias de Gurb
Eduardo Mendoza, Sin noticias de Gurb, Barcelona, Seix Barral, 2004.
Autor: Paulo Coelho
Título: El Alquimista
Género: novela
Grabación: Emilia Arroyo (profesora de Lengua Castellana y Literatura)
Música: Flauta new age
Fragmento
Entonces su corazón se quedó callado una tarde entera. Por la noche, el muchacho durmió tranquilo y cuando se despertó, su corazón empezó a contarle cosas del Alma del Mundo. Le dije que todo hombre feliz era un hombre que llevaba a Dios dentro de sí. Y que la felicidad se podía encontrar en un simple grano de arena del desierto, como había dicho el Alquimista. Porque un grano de arena es un momento de la Creación, y el Universo tardó miles de millones de años para crearlo.
“Cada hombre sobre la faz de la tierra tiene un tesoro que lo está esperando –le explicó-. Nosotros, los corazones, acostumbramos a hablar poco de esos tesoros, porque los hombres ya no tienen interés en encontrarlos. Sólo hablamos de ellos a los niños. Después, dejamos que la vida encamine a cada uno hacia su destino. Pero, desgraciadamente, pocos siguen el camino que les ha sido trazado, y que es el camino de la Leyenda Personal y de la felicidad. Consideran el mundo como algo amenazador y, justamente por eso, el mundo se convierte en algo amenazador. Entonces, nosotros, los corazones, vamos hablando cada vez más bajo, pero no nos callamos nunca. Y deseamos que nuestras palabras no sean oídas, pues no queremos que los hombres sufran porque no siguieron a sus corazones.”
Paulo Coelho, El Alqimista, Barcelona, Planeta, 2002, págs. 139-140.
Autor: Miguel de Cervantes
Título: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
Género: novela
Grabación: Víctor González Guerrero (1º ESO D)
Música: Béla Bartók, danzas populares rumanas
Fragmento
Que trata de la condición y ejercicio del famoso y valiente hidalgo don Quijote de la Mancha
En un lugar de la Mancha , de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches , duelos y quebrantos los sábados , lentejas los viernes , algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda . El resto della concluían sayo de velarde, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entre semana se honraba con su vellorí de lo más fino.
Autor: Gabriel García Márquez
Título: Relato de un náufrago
Género: narrativa
Grabación: Manuel Alejandro Román (3º ESO – D)
Música:
Fragmento
Viendo ahogarse a cuatro de mis compañeros
Mi primera impresión fue la de estar absolutamente solo en la mitad del mar. Sosteniéndome a flote vi que otra ola reventaba contra el destructor, y que éste, como a doscientos metros del lugar del que me encontraba, se precipitaba en un abismo y desaparecía de mi vista. Pensé que había hundido. Y un momento después, confirmando mi pensamiento, surgieron en torno a mí numerosas cajas de la mercancía con que el destructor había sido cargado en Mobile. Me sostuve a flote entre cajas de ropa, radios, neveras y toda clase de utensilios domésticos que saltaban confusamente, batidos por las olas. No tuve en ese instante ninguna idea precisa de lo que estaba sucediendo. Un poco atolondrado, me aferré a una de las cajas flotantes y estúpidamente me puse a contemplar el mar. El día era de una claridad perfecta. Salvo el fuerte oleaje producido por la brisa y la mercancía dispersa en la superficie, no había nada en ese lugar que pareciera un náufrago.
Autor: Robert Louis Stevenson
Título: La isla del tesoro
Género: narrativa juvenil
Grabación: Elisabeth Parra (3º ESO – D)
Música: Mateo Albéniz, Sonata, Arreglo para guitarra.
Fragmento
La posada de El Almirante Benbow
El hidalgo de mi pueblo, el doctor Livesey y otros varios caballeros amigos míos me han rogado que escribiese minuciosamente todo lo que nos ocurrió con la isla del tesoro, desde el principio hasta el fin, sin omitir más detalle que la situación geográfica de la isla, porque todavía dejamos en ella parte del botín escondido. Tomo, pues, la pluma en el año de gracia dde 1763, para remontarme a aquellos ya lejanos días de mi infancia, cuando mi padre tenía abierta la posada de El Almirante Benbow, y el viejo lobo de mar, curtido por la intemperie y con el rostro surcado por la siniestra cicatriz de un tremendo sablazo, se hospedó en nuestra casa.
Paréceme estar viéndole todavía, como si fuese cosa de ayer, el día que apareció renqueando a la puerta del mesón, seguido de una carrretilla con un gran cofre marino. Era alto, ancho de espaldas, fornido y extraordinariamente moreno. Su embreada coleta le colgaba a la espalda, rozando una vieja casaca verdosa y mugrienta. Tenía las manos ásperas y acuchilladas, las uñas rotas y sucias; y, atravesando su mejilla derecha, desde la mandíbula hasta la sien, el hondo surco de aquella vieja cicatriz grisácea y apergaminada. Silbando entre dientes anduvo un rato escudriñando la ensenada cercana y de pronto, volviéndose de espaldas al mar, mientras regresaba a la hostería, entonó aquellas extrañas y antiquísima canción que tantas veces le oí cantar después, en sus interminables horas de soledad y de ocio:
Quince hombres sobre el cofre del muerto,
¡Ah, ja, ja, ja!
¡Y un gran frasco de ron!
Autor: Julio Verne
Título: Veinte mil leguas de viaje submarino
Género: novela
Grabación: Coral Orellana (2º ESO – D)
Música: Motzart, Bassoon Concerto in B Flat Major, K. 191 – I. Allegro
Fragmento
El año de 1866 quedó en la memoria de muchas personas porque sucedió un hecho inexplicable: varios barcos se habían encontrado en el mar con “una cosa enorme”, un objeto largo, fosforescente a veces, infinitamente más grande y más rápido que una ballena. El mundo entero estaba sobrecogido por aquella aparición maravillosa.
En efecto, el 20 de julio de 1866, el barco de vapor “Gobernar-Higginson”, que hacía una ruta por la India, se encontró con la masa movediza, a cinco millas al este de la costa de Australia. El capitán Baker creyó que aquello era un peñasco desconocido, pero salió de dudas al observar que lanzaba, silvando, dos columnas de agua a una altura considerable. Era indudable, por tanto, que debía de tratarse de un animal, un mamífero acuático desconocido hasta entonces.
Informes sucesivos, referentes a nuevas observaciones, conmovieron a la opinión pública y hablar de monstruo se puso de moda. Durante los primeros meses del año 1867, no se volvió a hablar del asunto. Pero, el 13 de abril, el “Scotia”, un barco correo de los más grandes que surcaban entonces los mares, chocó por la parte de babor con un instrumento cortante o perforante.

