Autor: Publio Virgilio Marón
Título: La Eneida
Género: epopeya (poesía, hexámetros)
Grabación: Carlos Cabanillas (profesor de Latín y Griego)
Música: Flauta China Bambu Daha

Fragmento

Texto en latín. Libro I

Arma virumque cano, Troiae qui primus ab oris
Italiam, fato profugus, Laviniaque venit
litora, multum ille et terris iactatus et alto
vi superum saevae memorem Iunonis ob iram;
multa quoque et bello passus, dum conderet urbem,
inferretque deos Latio, genus unde Latinum,
Albanique patres, atque altae moenia Romae.
Musa, mihi causas memora, quo numine laeso,
quidve dolens, regina deum tot volvere casus
insignem pietate virum, tot adire labores
impulerit. Tantaene animis caelestibus irae?

Traducción

Canto las hazañas y al héroe que, huyendo por imposición del destino, fue el primero en llegar desde las costas de Troya a Italia y a las riberas de Lavinio. Lanzado durante mucho tiempo por tierra y mar por la violencia de los dioses del Olimpo a causa de la cólera siempre viva de la cruel Juno, fue víctima también de numerosos sufrimientos en la guerra, hasta poder llegar a fundar un ciudad e introducir sus dioses en el Lacio. De allí nacieron la raza latina, los Padres de Alba y los muros de la altiva Roma.

Musa, recuérdame las causas: por qué ofensa a su divinidad, o por qué motivo de dolor, la reina de los dioses empujó a un héroe que se distinguía por su piedad a sufrir tantas desventuras y a afrontar tantos sufrimientos. ¿De tan profundo rencor están poseídos los espíritus de los dioses celestes?

Publio Virgilio Marón, La Eneida, introducción y traducción por María del Dulce Nombre Estefanía Álvarez, Barcelona, Bruguera, 1968.

Autor: Anna Ciddor
Título
: El hechizo del lobo
Género: narrativa juvenil
Grabación: Marcos Tamurejo (3º ESO – D)
Música:

Fragmento

La leche silbó en el balde cuando Oddo dio impaciente el último apretón a la ubre. Alargó la mano bajo el pesebre, rozando el costado caliente y peludo de la vaca, palpó con los dedos las cascaras de avellanas que allí había escondido, y sonrió mostrando los dientes. Dos perfectos cuencos en miniatura. Los llenó de leche del cubo, los llevó fuera y comprobó que nadie miraba.

Oddo dejó las cascaras en la nieve y se deslizó hacia el granero. Se agachó tras la puerta y entornó los ojos, sin apenas atreverse a respirar ni a parpadear. Esta vez iba a ver quiénes se llevaban la leche. Esta vez iba a aguardar y vigilar hasta que llegaran.

-¡Oddo! -Se oyó la voz de su madre a través del patio— Oddo, necesito la leche. ¿Es que te has quedado dormido?

-Caca de la vaca -refunfuñó Oddo. Cogió los cubos y salió pisando con fuerza. Echó un vistazo a las cascaras y se detuvo de súbito.

Autor: Gabriel García Márquez
Título
: Relato de un náufrago
Género: narrativa
Grabación: Manuel Alejandro Román (3º ESO – D)
Música:

Fragmento

Viendo ahogarse a cuatro de mis compañeros

Mi primera impresión fue la de estar absolutamente solo en la mitad del mar. Sosteniéndome a flote vi que otra ola reventaba contra el destructor, y que éste, como a doscientos metros del lugar del que me encontraba, se precipitaba en un abismo y desaparecía de mi vista. Pensé que había hundido. Y un momento después, confirmando mi pensamiento, surgieron en torno a mí numerosas cajas de la mercancía con que el destructor había sido cargado en Mobile. Me sostuve a flote entre cajas de ropa, radios, neveras y toda clase de utensilios domésticos que saltaban confusamente, batidos por las olas. No tuve en ese instante ninguna idea precisa de lo que estaba sucediendo. Un poco atolondrado, me aferré a una de las cajas flotantes y estúpidamente me puse a contemplar el mar. El día era de una claridad perfecta. Salvo el fuerte oleaje producido por la brisa y la mercancía dispersa en la superficie, no había nada en ese lugar que pareciera un náufrago.

Autor: Robert Louis Stevenson
Título
: La isla del tesoro
Género: narrativa juvenil
Grabación: Elisabeth Parra (3º ESO – D)
Música: Mateo Albéniz, Sonata, Arreglo para guitarra.

Fragmento

La posada de El Almirante Benbow

El hidalgo de mi pueblo, el doctor Livesey y otros varios caballeros amigos míos me han rogado que escribiese minuciosamente todo lo que nos ocurrió con la isla del tesoro, desde el principio hasta el fin, sin omitir más detalle que la situación geográfica de la isla, porque todavía dejamos en ella parte del botín escondido. Tomo, pues, la pluma en el año de gracia dde 1763, para remontarme a aquellos ya lejanos días de mi infancia, cuando mi padre tenía abierta la posada de El Almirante Benbow, y el viejo lobo de mar, curtido por la intemperie y con el rostro surcado por la siniestra cicatriz de un tremendo sablazo, se hospedó en nuestra casa.

Paréceme estar viéndole todavía, como si fuese cosa de ayer, el día que apareció renqueando a la puerta del mesón, seguido de una carrretilla con un gran cofre marino. Era alto, ancho de espaldas, fornido y extraordinariamente moreno. Su embreada coleta le colgaba a la espalda, rozando una vieja casaca verdosa y mugrienta. Tenía las manos ásperas y acuchilladas, las uñas rotas y sucias; y, atravesando su mejilla derecha, desde la mandíbula hasta la sien, el hondo surco de aquella vieja cicatriz grisácea y apergaminada. Silbando entre dientes anduvo un rato escudriñando la ensenada cercana y de pronto, volviéndose de espaldas al mar, mientras regresaba a la hostería, entonó aquellas extrañas y antiquísima canción que tantas veces le oí cantar después, en sus interminables horas de soledad y de ocio:

Quince hombres sobre el cofre del muerto,

¡Ah, ja, ja, ja!

¡Y un gran frasco de ron!

Autor: Lewis Carroll
Título
: Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas
Género: narrativa juvenil
Grabación: Juan Pedro Fernández (3º ESO – D)
Música: Camille Saint-Saëns, Le Carnaval des Animaux, grande faintaisie zoologique. Aquarium. (Ramón Pajares Box)

Fragmento

Alicia empezaba a estar muy cansada de permanecer junto a su hermana en la orilla, y de no hacer nada; una vez o dos había echado una mirada al libro que su hermana estaba leyendo, pero no traía estampas ni diálogos; y “¿de qué sirve un libro”, pensó Alicia, “si no trae estampas ni diálogos?”.

Así que estaba deliberando en su interior (en lo mejor que podía, ya que el día caluroso la hacía sentirse muy soñolienta y atontada) si el placer de trenzar una cadena de margaritas merecía la molestía de levantarse a coger las margaritas, cuando de pronto llegó junto a ella un conejo blanco de ojos rosados.

No había nada de particular en aquello; ni consideró Alicia que fuese muy excepcional oír al Conejo decirse a sí mismo: “¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Voy a llegar demasiado tarde!” ( al pensar en ello más tarde, se le ocurrió que debía haberle extrañado una cosa así; sin embargo, en aquel momento le pareció la mar de natural).

El Conejo se metió por una gran madriguera bajo el seto. Un instante después se coló Alicia también, sin pararse a pensar cómo saldría.

Autor: J. K. Rowling
Título
: Harry Potter y la Orden del Fénix
Género: narrativa juvenil
Grabación: Cristian Chamizo (3º ESO – D)
Música: George Enescu, Rapsodia rumana. (Ramón Pajares Box)

 

Fragmento

El día más caluroso en lo que iba de verano llegaba a su fin, y un silencio amodorrante se extendía sobre las grandes y cuadradas casas de Privet Driver. Los coches, normalmente relucientes, que habían aparcados en las entradas de las casas estaban cubiertos de polvo, y las extensiones de césped, que solían ser de un verde esmeralda, estaban secas y amarillentas porque se había prohibido el uso de mangueras debido a las sequía. Privados de los habituales pasatiempos de lavar el coche y el cortar césped, los habitantes de Privet Driver se habían refugiado en el fresco interior de las casas con las ventanas abiertas de par en par, en el vano intento de atraer una inexistente brisa. El único que se había quedado fuera era un muchacho que estaba tumbado boca arriba en un parterre de flores, frente al número cuatro.

Era un chico delgado, con el pelo negro y con gafas, que tenía el aspecto enclenque y ligeramente enfermizo de quien ha crecido mucho en poco tiempo. Lleva unos vaqueros rotos y sucios, una camiseta ancha y desteñida, y las suelas de los zapatos de deporte estaban desprendiéndose por la parte superior. El aspecto Harry Potter no le granjeaba el cariño de sus vecinos, quienes eran de esa clase de gente que cree que el desaliño debería estar castigado por la ley.

Autor: C. S. Lewis
Título
: El león, la bruja y el armario (Crónicas de Narnia I)
Género: narrativa juvenil
Grabación: Mónica Gil (2º ESO – D)
Música: Motzart, Così fan tutte Act II – No. 19 Aria – Una donna a quindici anni

Fragmento

A todos les pareció muy buena idea y así fue como empezaron las aventuras. Era una de esas casas que parecían no tener final y estaba llena de lugares inesperados. Las primeras puertas que comprobaron conducían sólo a dormitorios desocupados, como todos habían supuesto; pero no tardaron en llegar a una habitación muy grande llena de cuadros, y allí encontraron una armadura completa; y la siguiente fue una habitación toda tapizada de verde, con un arpa en el rincón y luego bajaron tres peldaños y subieron cinco, y a continuación apareció una pequeña especie de vestíbulo superior y una puerta que conducía a la galería y luego una serie de habitaciones que comunicaban unas con otras y tenían las paredes llenas de libros; casi todos los libros eran muy antiguos y algunos eran más grandes que la Biblia de una iglesia. Casi a continuación se encontraron con una habitación que estaba totalmente vacía, a excepción de un enorme armario; uno de esos que tiene un espejo en la puerta. No había nada más en la estancia aparte de un moscón azul muerto en el alféizar de la ventana.

Autor: Julio Verne
Título
: Veinte mil leguas de viaje submarino
Género: novela
Grabación: Coral Orellana (2º ESO – D)
Música: Motzart, Bassoon Concerto in B Flat Major, K. 191 – I. Allegro

 

Fragmento

El año de 1866 quedó en la memoria de muchas personas porque sucedió un hecho inexplicable: varios barcos se habían encontrado en el mar con “una cosa enorme”, un objeto largo, fosforescente a veces, infinitamente más grande y más rápido que una ballena. El mundo entero estaba sobrecogido por aquella aparición maravillosa.

En efecto, el 20 de julio de 1866, el barco de vapor “Gobernar-Higginson”, que hacía una ruta por la India, se encontró con la masa movediza, a cinco millas al este de la costa de Australia. El capitán Baker creyó que aquello era un peñasco desconocido, pero salió de dudas al observar que lanzaba, silvando, dos columnas de agua a una altura considerable. Era indudable, por tanto, que debía de tratarse de un animal, un mamífero acuático desconocido hasta entonces.

Informes sucesivos, referentes a nuevas observaciones, conmovieron a la opinión pública y hablar de monstruo se puso de moda. Durante los primeros meses del año 1867, no se volvió a hablar del asunto. Pero, el 13 de abril, el “Scotia”, un barco correo de los más grandes que surcaban entonces los mares, chocó por la parte de babor con un instrumento cortante o perforante.

Autor: Michael Ende
Título: Momo
Género: narrativa juvenil
Grabación: Belén Cortés (3º ESO)
Música: High mountion serenity

Fragmento

El aspecto externo de Momo ciertamente era un tanto desusado y acaso podía asustar algo a la gente que da mucha importancia al aseo y el orden. Era pequeña y bastante flaca, de modo que ni con la mejor voluntad se podía decir si tenía ocho años sólo o ya tenía doce. Tenía el pelo muy ensortijado, negro como la pez, y con todo el aspecto de no haberse enfrentado jamás a un peine o unas tijeras. Tenía unos ojos muy grandes, muy hermosos y también negros como la pez y unos pies del mismo color, pues casi siempre iba descalza. Sólo en invierno llevaba zapatos de vez en cuando, pero solían ser diferentes, descabalados, y además le quedaban demasiados grandes. Eso era porque Momo no poseía nada más que lo que encontraba por ahí o lo que le regalaban. Su falda estaba hecha de muchos remiendos de diferentes colores y le llegaba hasta los tobillos. Encima llevaba un chaquetón de hombre, viejo, demasiado grande, cuyas mangas se arremangaban alrededor de la muñeca. Momo no quería cortarlas porque recordaba, previsoramente, que todavía tenía que crecer. Y quién sabe si alguna vez volvería a encontrar un chaquetón tan grande, tan práctico y con tantos bolsillos.

Debajo del escenario de las ruinas, cubierto de hierba, había unas cámaras medios derruidas, a las que se podía llegar por un agujero en la pared. Allí se había instalado Momo como en su casa. Una tarde llegaron unos cuantos hombres y mujeres de los alrededores que trataron de interrogarla. Momo los miraba asustada, porque temía que la echaran. Pero pronto se dio cuenta de que era gente amable. Ellos también eran pobres y conocían la vida.

-Y bien –dijo uno de los hombres-, parece que te gusta esto.
-Sí –contestó Momo.
-¿Y quieres quedarte aquí?
-Sí, si puedo.
-Pero, ¿no te espera nadie?
-No.
-Quiero decir, ¿no tienes que volver a casa?
-Esta es mi casa.
-¿De dónde vienes, pequeña?
Momo hizo con la mano un movimiento indefinido.

Autor: Lucía González Lavado
Título: Hijos del Dragón I. Revelación
Género: narrativa juvenil
Grabación: Tomás Riola (3º ESO)
Música:

Fragmento

Buda, poco antes de morir hizo llamar a todos los animales que pisaban la tierra pero sin olvidar a ninguno, pero sólo doce acudieron a su llamada. Unos tan fieles como lo podían ser el perro y otros tan odiados como la serpiente y así hasta un total de doce. Pero había uno que era diferente, especial, destacaba de todos los demás el dragón Un ser fuerte, de ojos saltones, retorcidos cuernos, piel escamosa y una brillante y larga melena que rodeaba parte de su cuerpo. Carecía de alas pero no por ello era menos especial.

Muchos eran los que veneraban, éste era bien conocido por su inteligencia, sabiduría y bondad, y hacían bien en creerlo porque el dragón podía parecer un ser pacífico, pero si su furia se levantaba nadie escapaba de ella.

El universo era tan imenso como desconocido para todos con los cientos de galaxias que lo componían. Galaxias con la vida propia, ilusiones y guerras, como la galaxia de Meira compuesta por cinco planetas, dos soles y cuatro lunas, aunque muchos no sabían si llamar a la cuarta luna de esa manera.

La galaxia de Meira era un lugar remoto, sombrío, maldito, devastado por las guerras. Tenía una luna llamada La Oculta, de la que se decía que en realidad no era tal sino un planeta ocupado por los Ocultos, seres que se alimentaban de los desgraciados que se cruzaban en su camino o de los que no estaban protegidos cuando asaltaban otros planetas, hecho que sucedía cuando su luna aparecía en el oscuro cielo y con los restantes escondidas.