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Harry Potter y la camara secreta
Autor: J.K. Rowling
Texto: “Harry Potter y la camara secreta“
Voz: Fernando Godoy (4º ESO)
Música: Georg Friedrich Händel, Alemanda (Allegro) de la Suite para teclado número 14 en Sol mayor
Harry no se parecía en nada al resto de la familia. Tío Vernon era corpulento, carecía de cuello y llevaba un gran bigote negro; tía petunia tenía cara de caballo y era huesuda; Dudley era rubio, sonrosado y gordo. Harry, en cambio era pequeño y flacucho, con ojos de un verde brillante y un pelo negro azabache siempre alborotado. Llevaba gafas redondas y en la frente una delgada cicatriz en forma de raya. Era esta cicatriz lo que convertía a Harry en alguien muy especial, incluso entre los magos. La cicatriz era el único vestigio del misterio pasado de Harry y del motivo por el que lo habían dejado, hacia once años, en la puerta de los dursley. A la edad de un año, Harry había sobrevivido milagrosamente a la maldición del hechicero tenebroso más importante de todo los tiempos, Lor Voldemort, cuyo nombre muchos magos y brujas a un temían pronunciar. Los padres de Harry habían muerto en el ataque Lor Voldemort.
Harry Potter y la Orden del Fénix
Autor: J. K. Rowling
Título: Harry Potter y la Orden del Fénix
Género: narrativa juvenil
Grabación: Cristian Chamizo (3º ESO – D)
Música: George Enescu, Rapsodia rumana. (Ramón Pajares Box)
Fragmento
El día más caluroso en lo que iba de verano llegaba a su fin, y un silencio amodorrante se extendía sobre las grandes y cuadradas casas de Privet Driver. Los coches, normalmente relucientes, que habían aparcados en las entradas de las casas estaban cubiertos de polvo, y las extensiones de césped, que solían ser de un verde esmeralda, estaban secas y amarillentas porque se había prohibido el uso de mangueras debido a las sequía. Privados de los habituales pasatiempos de lavar el coche y el cortar césped, los habitantes de Privet Driver se habían refugiado en el fresco interior de las casas con las ventanas abiertas de par en par, en el vano intento de atraer una inexistente brisa. El único que se había quedado fuera era un muchacho que estaba tumbado boca arriba en un parterre de flores, frente al número cuatro.
Era un chico delgado, con el pelo negro y con gafas, que tenía el aspecto enclenque y ligeramente enfermizo de quien ha crecido mucho en poco tiempo. Lleva unos vaqueros rotos y sucios, una camiseta ancha y desteñida, y las suelas de los zapatos de deporte estaban desprendiéndose por la parte superior. El aspecto Harry Potter no le granjeaba el cariño de sus vecinos, quienes eran de esa clase de gente que cree que el desaliño debería estar castigado por la ley.